Siervas de María Ministras de los Enfermos

Peregrinación Madrid - Roma

  50 Aniversario De Consagración

“Vivencia inolvidable compartida con tanta alegría y sentido de familia”.

 

Las Hermanas “Doradas”, afirman haber formado una comunidad feliz y dichosa. El día 20 de mayo partieron desde sus respectivas comunidades hacia la Casa Madre en Madrid. Después de unos días perergrinaron a Roma hasta el 8 de junio: 

 

Doradas 2017

Sor Pilar Sáenz de Ugarte Echazarra………..Sor Gema Araña Erdocia

Sor Carmen Herrera Quesada………………Madre Mercedes Moreno Martín,

Sor Amparo del Río Ruiz……………………Sor Fátima Echauri Portillo,

Sor Encarnación Espinosa Ruedas…………..Sor Elena Ramírez Magallón,

Sor Mª Cruz Senosiain Rupérez……………..Sor Pilar López Miguel,

Sor Francisca Rivero Vicente………………...Madre Ángeles Sánchez Ibáñez,

Sor Piedad Duarte Burgos……………………Sor Isabel Robles García,

Madre Cristina Higueras Flores……………...Madre Lourdes Montalvo Troya,

Madre Carmen Rivera Noreña.

Así se expresan:

             Celebrar 50 años de Vida Consagrada como Sierva de María, es motivo muy especial para dar gracias por el don de la llamada recibida, a la que un día dimos respuesta con alegría y entrega generosa.

    Hace 50 años, Dios-Amor nos miró, quiso contar con nosotras para continuar y nos invitó para una misión especial cuando nos dijo a cada una, “Estuve enfermo y me visitasteis”. Acoger esta invitación supuso para nosotras, abandonar la barca de nuestras pequeñas seguridades, acunadas a la sombra de Maria y Madre Soledad y dejar a Dios ser Dios.

    Nuestro recorrido por la vida durante 50 años, conlleva un sentido profundo de todo lo que hemos vivido y compartido, pero lo esencial es el amor de Dios que dirige nuestras vidas y las cuida desde dentro. En torno a su amor se ha forjado nuestra existencia y misión como Siervas de María ministras de los Enfermos.

   Ahora nuestras vidas crecen libremente hacia la plenitud, cada experiencia dulce o amarga, cada logro pequeño o grande, ocupa su lugar. Es ahora cuando, con y como María, Nuestra Señora de la Salud, entonamos nuestro “Magníficat”. Unidas a María nos atrevemos a decir: Sí, hasta el final, hasta el encuentro definitivo con Aquel que nos ha mostrado su amor incondicional en las luces y sombras de nuestras vidas.

   Han transcurrido muchos años, descubriendo la mano bondadosa de Dios, siempre cercana y amiga. En momentos de dificultad, allí estaba El, aclarando, apoyando, animando.

Por todo lo vivido dicen:

   Gracias Señor, te alabamos y bendecimos, Padre Bueno, porque nos regalaste a María, a Madre Soledad nuestra compañera cotidiana y guía en nuestro caminar, con entrega incondicional; por tantas Hermanas encontradas a lo largo de todo este tiempo, ejemplo de vida donada y fiel a tu plan de salvación.

¡Gracias, Señor!

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