Siervas de María Ministras de los Enfermos

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HISTORIA DEL ESCUDO DE LA CONGREGACIÓN

Desde los comienzos de la Fundación hasta 1877, se utilizó un escudo muy sencillo, con la letra M., que hace referencia a María, culminando en la parte superior, a veces con una pequeña cruz o una corona.

En 1877 fue aprobado un Escudo, ideado por el Padre Juan de la Concepción Calvo,

con el siguiente significado:

  • Las letras: M. S. I. – Indicaban María Salus Infirmorum, nuestra excelsa Madre Titular.
  • La Vara y la Bandera representaban a nuestros Patronos San José y San Juan Bautista.
  • El corazón, en recuerdo de San Agustín y las llamas, símbolo del amor, atravesado con dos saetas, nos recordaban que nuestros corazones,  debían ser un incendio de amor de Dios y del prójimo

En 1913, se hizo una modificación, quedando el Escudo que actualmente está en vigor.

               M Nombre de la Santísima Virgen María.

              CORONA

              La Realeza de María: María es la Reina de toda la creación, de cielo y tierra y muy especialmente, es        Reina y Señora del Instituto                 de las Siervas de María.

MONOGRAMA – S.I. 

“Salus Infirmorum”: Título que el Instituto da a la Santísima Virgen, aclamándola como Madre y Patrona principal de la Congregación. La Virgen quiere servirse de las Siervas de María, para llevar la Salud al mundo de los  cuerpos y de las almas.

FONDO AZUL - 

Significa la protección especial de la Virgen. La Congregación está bajo su manto celeste, bajo su maternal protección y ayuda.

CLAVOS - 

Recuerdan los trofeos de la Pasión de Cristo y también los tres Votos religiosos, con los cuales la Sierva de María se liga y une a Cristo, para participar en su Pasión, a través de la abnegación de sí misma, asumiendo la cruz cotidiana junto  a la cabecera del enfermo y en la vida diaria.

CORONA DE ESPINAS –

María fue también la Cooperadora en la Redención del género humano. Su vida toda, estuvo sembrada de punzantes espinas que trituraron su alma y su corazón. El amor a Jesús y a los hombres que Dios infundió en su alma, por sus hijos adoptivos, la hizo partícipe muy cercana de los dolores de Cristo. Asimismo, la Sierva de María debe también estar penetrada de los dolores de Cristo, la Cabeza del Cuerpo Místico, al cual pertenece de una manera especialísima. Penetrada así su alma de lo que sufre Su Cabeza, estará pronta a adquirir el espíritu de su Instituto, que le pide  y exige se señale  de manera eminente, en las virtudes de humildad, abnegación, sacrificio, caridad, viendo en el enfermo al mismo Cristo, rindiéndole sus solícitos cuidados como si a Él mismo los hiciere, y consolando así su dolorosa Cabeza.

VARA DE SAN JOSÉ - 

Significa el oficio del Santo Patriarca: Custodio - Protector de Jesús y de María. A su imitación, la Sierva de María, cuidará solícita de los miembros del Cuerpo Místico, en sus enfermos. Asimismo, los pondrá  bajo su protección para alcan-zarles una feliz y dichosa muerte en brazos de Jesús y María. El Santo Patriarca le será modelo perfecto en su fidelidad a la gracia y en su vida interior, su acendrado amor a la Santísima Virgen, su solícito amor por Jesús. Con modelo tan prefecto a la vista tendrá un gran protector en el cielo, para alcanzar el grado de vida interior que su Regla le pide.

ESTANDARTE DE SAN JUAN BAUTISTA - 

El Precursor del Señor: la Sierva de María también es la Precursora del Señor, preparándole el camino en las almas que se le confían. Ella prepara el camino para que las almas reconozcan al Cordero que quita el pecado del mundo, y para que se preparen a recibir el Bautismo o banquete Eucarístico. Para su propia alma también es un gran modelo de perfección.

Puede hacer suyas aquellas hermosas palabras del Precursor: “Que Él crezca y que yo mengüe”. Que Él crezca en los pensamientos de la Sierva, en sus deseos, en sus afectos; en su cuerpo por su modestia angelical; en su inteligencia por la contemplación de sus infinitas perfecciones; en su corazón con un ejercicio continuo de amor y caridad que son el adorno de su alma, a fin de que Cristo llene todo su ser. Y a la vez, que su Sierva mengüe: en su propia estimación y en la estimación de las criaturas, dando la preferencia a sus prójimos como su Regla lo reclama; que  mengüe y desaparezca, que se esconda en su Divino Corazón, a fin de que Él reine en las almas, viva en sus miembros doloridos, hasta poder decir con verdad: “Vivo yo, mas no yo… es Cristo quien vive en mí”.

Para realizar este magnífico ejemplo del Bautista, la Sierva de María debe imitarlo ante todo en su austera pero dulce mortificación interna del alma y externa de los sentidos; así Jesús que es el centro de los corazones, reinará en ella para siempre jamás.

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