Siervas de María Ministras de los Enfermos

Carisma Fundacional

Según nuestras Constituciones Santa María Soledad Torres Acosta “ha sido reconocida y proclamada por la Iglesia y por todas sus hijas como Fundadora y Madre”. (Const. 1). Es reconocido como inspirador e iniciador del Instituto, Don Miguel Martínez Sanz. (Const. 1)

CARISMA FUNDACIONAL

Carisma es un don del Espíritu santo, que se revela como experiencia del Espíritu, otorgado a una persona concreta, para ser encarnado, cultivado, vivido, profundizado en sintonía con el cuerpo místico de Cristo, siendo la misma Iglesia defensora de su índole propia.

Madre Soledad pertenece al grupo de personas que Dios ha seleccionado para que manifiesten de modo singular su amor al hombre, a su debilidad y miserias. “La chispa de esa caridad comenzó a prender en su vida cuando era niña. No encontramos en ella una llamarada fuerte inicial, sino el fuego vigoroso y constante, mantenido y alimentado cada día” (Pablo Panedas, 273ss)

Lo esencial de nuestra Fundadora es que fue una mujer de una gran experiencia de Dios, en escucha constante del Espíritu, en fidelidad creciente. Esta escucha y docilidad al Espíritu Santo, la empujó a reaccionar de un modo particular ante el desafío de una necesidad concreta.

Abierta a Dios y a los hermanos, se convirtió en la mujer audaz que captando las necesidades de su tiempo, supo dar una respuesta acertada a través del carisma, don precioso para la Iglesia, siendo ella misma, testimonio vivo, gozoso y creíble en su tiempo.

A Madre Soledad se le otorgó el don del Carisma Fundacional o de Fundadora, don único e irrepetible y en ella se nos es transmitido a todas sus Hijas.

Este carisma, como experiencia y don del Espíritu Santo”. (Const. 1):

  • Madre Soledad lo encarnó, le dio vida, con un espíritu propio, viviendo más de cerca con Jesús, “consagrándose a Dios y siguiendo en radicalidad a Jesucristo virgen, pobre y obediente”. (Const. 2).
  • Con el fin de “participar en una misión salvadora confiada por Cristo a su Iglesia: «Curad a los enfermos y decidles el Reino de Dios está cerca de vosotros». (Const. 3).
  • Lo realizó a través de un ministerio específico: “La asistencia esmerada y gratuita a los enfermos, preferentemente a domicilio, viendo en ellos a Cristo”, (Const. 2), “bajo la consigna evangélica «estuve enfermo y me visitasteis». (Const. 4).
  • Lo vivió con una espiritualidad propia: “Contemplativas en la acción, abandonadas a la Providencia y cooperadoras con Cristo y María en la salvación de los hombres”. (Cosnt. 3).
  • Confirió un estilo propio de vida: “viviendo en Comunidad”, (Const. 2), “siendo almas de oración, de intensa vida interior, fidelidad a la Iglesia, humildes, sencillas, alegres, prontas al sacrificio, etc.” (Cf. Const. 2,5 y 6). (Documento Capitular 2002).



En Madre Soledad, su identificación con Cristo fue tal, que llegó realmente a encarnarlo, siendo alma de oración y de intensa vida interior, no haciendo separación entre la vida de oración y la vida apostólica –una verdadera contemplativa en la acción-, cuidando a los enfermos, allí donde se encuentran, como dice el Papa Francisco, en las periferias existenciales del dolor, ya sea en los propios domicilios como en dispensarios, hospitales, etc., con humilde sencillez y espíritu de servicio, viendo a Cristo en cada uno de ellos. llevando su ternura y su misericordia a los más necesitados, compartiendo con ellos lo que tenía.


Abandonada plenamente a la Divina Providencia, emprende grandes empresas, todo para sacar a flote el naciente Instituto, sabiendo que en ello estaba en juego la gloria de Dios y un gran bien para la Iglesia. Decía con gran confianza: "La Congregación es obra de Dios. No, no puede morir, Dios mismo abrirá puertas de claridad… vendrán tiempos mejores".

 



Tenía a María como modelo, en su actitud al pie de la Cruz, donde aprende cómo estar o permanecer junto a esa cruz, que es el lecho del enfermo –santuario - donde Cristo se inmola místicamente y donde Madre Soledad desempeña el sacerdocio del dolor, colaborando de este modo con Cristo y María, en la salvación de los hombres.





Un rasgo específico propio del carisma es la asistencia prestada a  los enfermos en su domicilio particular, en una asistencia esmerada y gratuita, dada a cualquiera que tenga para pedirla, el título del dolor y de la necesidad; actividad apostólica que tiene una irradiación hacia los miembros de su hogar.




cf04


Madre Soledad contaba con una Mujer excepcional para apoyo, sostén, alivio y Madre en su caminar, María bajo la advocación  de Nuestra Señora Salud de los Enfermos. Era su modelo, la llamaba su Madre, su consuelo, su alegría y con frecuencia repetía “Tengo puesta en María mi confianza”.

Madre Soledad encarnó el carisma dándole vida, con espíritu propio. Revestida de los mismos sentimientos de Cristo, vivió plenamente su consagración, siendo ejemplo vivo para sus hijas, tanto a nivel personal como comunitario, tal como le correspondía a su misión de Fundadora y Madre; dócil al Espíritu, se dejó modelar por Él, creando así un nuevo camino de espiritualidad y una escuela de santidad.

El amor de Dios en nuestra Fundadora y su ejemplo de vida, debe transformarse en escuela constante para sus hijas, que nos anime a lograr una constante superación y perseverar fielmente en el carisma recibido con la vocación de Siervas de María. El ejemplo luminoso de nuestra Santa Madre Fundadora nos enseña a orientar la propia vida, hacia una intensa vida interior, basada en una singular experiencia de Dios y guiadas siempre por el Espíritu Santo, en fidelidad creciente y conversión diaria al amor.

La actualidad de nuestro carisma hoy, la vemos reflejada en el discurso que nos dirigió el Santo Padre Juan Pablo II el 16 de febrero de 2001: “Aunque algunas circunstancias hayan cambiado desde aquel momento, Cristo se sigue manifestándose hoy en tantos rostros que nos hablan de indigencia, de soledad, de dolor. Es necesario pues, mantener un gran espíritu de oración, de intimidad con Dios, que dé vida a los gestos de servicio específico que desempañáis, pues «el Cristo descubierto en la contemplación, es el mismo que vive y sufre en los pobres». (Vita Consecrata, 82).

Por eso, ayer como hoy, tenemos que seguir cogiendo en nuestras manos la antorcha del carisma que nos transmitió nuestra Fundadora: conociendo a fondo la experiencia de vida que tuvo Madre Soledad, extrayendo de sus cartas y testimonios de las hermanas contemporáneas los tesoros que en ello se encierran, adquiriendo el talante que ella tuvo, profundizando en las Constituciones, etc. Nos apremia el reflexionar, redescubrir y profundizar en el valor y dimensiones del carisma, para suscitar nuevo entusiasmo y amor a la riqueza que él contiene, porque, “descubrir las propias raíces y las propias opciones de espiritualidad abre caminos hacia el fututo” (Caminar desde Cristo, 20).

Reaviva el don que has recibido de Dios
                                                                                                  (2 Tim 1,6)

“El carisma del que somos herederas os proyecta hacia un futuro en el que la Iglesia está llamada a continuar, pero hoy, quizás requiere mayor creatividad…” (Discurso que nos dirigió el Santo Padre Juan Pablo II el 16 de febrero de 2001), palabras del Santo Padre que nos interpelan a cada una de las Siervas de María para seguir siendo audaces y creativas en fidelidad al carisma y a la Iglesia.

 

Inserte username y contraseña